martes, 22 de junio de 2010

Arén, por donde paseaban los dinosaurios


Palacio del Gobernador
Julio ALVIRA03/10/2004

HUESCA.- La Ribagorza Oriental guarda en su territorio numerosos elementos de interés histórico y cultural, gastronómico o festivo que justifican una visita. Una y muchas. Hoy visitaremos Arén, en el valle del Noguera Ribagorzana. Sería la antesala pirenaica de este territorio. Para llegar hasta esta villa deberemos circular por la N-230 en dirección al valle de Arán. Nuestro destino queda a la izquierda del camino.Las casas de Arén están construidas en la parte baja de un alargado cerro en el que hubo castillo e iglesia. Es mencionado en el año 823, según narra Manuel Iglesias en la Historia del Condado de la Ribagorza, y “era la fortaleza oriental más avanzada de Ribagorza de cara a las líneas musulmanas al sur”. Su vida dura hasta 1740, siendo trasladadas a Benasque dos piezas de artillería que allí había. Estos datos los aporta Pascual Madoz en su Diccionario de 1845. Adolfo Castán afirma en su libro sobre castillos altoaragoneses que en Arén hubo dos de estos edificios. Uno, más primitivo, mencionado en documentos de los siglos IX y X, y otro, posterior, edificado entre los siglos XI y XII. De ambos sólo quedan escasas ruinas.La plaza de la iglesia se asoma enseguida al visitante. Está junto a la carretera y en ella destaca el templo parroquial. Dedicado a San Martín, es un edificio construido entre 1717 y 1730, dentro del estilo barroco. Iglesias destaca que, aunque no sea el titular del templo, la imagen más venerada es la del Santo Cristo. Todo ello se debería a la creencia de que intercedió con motivo de una plaga de langosta en 1655, según escribió Roque Alberto Faci en 1739. Este autor afirma que la imagen sudó agua.De nuevo tomamos a Manuel Iglesias para conocer que la primitiva imagen del Cristo presidió la antigua iglesia de Arén y fue trasladado a la nueva, al igual que una serie de lápidas, entre las que figuran las de dos obispos de Urgel, fallecidos en esta villa ribagorzana. Francisco Castillón dedicó a esta talla su artículo de etnología religiosa altoaragonesa en la Nueva España el 18 octubre 1981. Incluye los gozos y habla de la devoción de los habitantes de esta tierra por esta imagen, a la que han acudido a lo largo de los siglos a pedir socorro cuando llegaban epidemias o asolaban las sequías. Como en otras ocasiones, el origen de la presencia del Cristo en Arén alude a un peregrino que pasaba por esta localidad, se encerraba en una habitación y al tiempo desaparecía, quedando la imagen. Castillón compara la talla con las existentes en Balaguer, Igualada, Alquézar o Alcolea.Una placa recuerda a Francisco Ardanuy, médico de Cámara y miembro de la Junta de Medicina de España e Indias durante el reinado de Fernando VII. La inscripción incluye la fecha 1824. Esta persona no es mencionada por Jesús Conte en su libro sobre personajes de la provincia, pero sí menciona al escolapio Luis Gracia que, en 1972, publicó en San Juan de Puerto Rico el libro “Arén, ensayo de la historia de esta villa ribagorzana”. Exótico punto de edición. Años antes, en 1923, otro escolapio de Arén, Ramón Castel, publicó en Tolosa (Guipúzcoa) el libro “Mi patria”, que también incluye elementos de la historia de esta villa.El paseo por las calles de Arén permite observar su trazado adaptado a la orografía, con requiebros, rincones y abundantes arcos para sujetar fachada con fachada o servir de paso de un lado a otro. En la plaza mayor, el palacio del Gobernador. Actualmente, alberga el Centro de Interpretación de la Ribagorza, que introduce al visitante en esta comarca de fuerte personalidad. Seguimos el paseo.Le pregunto a un señor que pasa por la calle sobre una casa de amplia portada. Me explica que, según cuentan y cree que cuentan bien, allí vivían los recaudadores de los diezmos y primicias. La conversación concluye cuando cada uno se va por una calle y el vecino me dice que “se escribe mucho sobre el pasado y sobre el presente. El futuro se escribe solo”.Uno de los atractivos de Arén es el de los yacimientos de huesos y huellas (icnitas) de dinosaurios. Un panel informativo da una primera aproximación y propone recorridos. Aconseja una excursión de un día para ver los huesos de los animales prehistóricos y dos horas para las huellas.El citado artículo de Francisco Castillón afirmaba que “arranca del medievo el que la villa sea el punto de partida de los traginers que recorrían la alta y baja Ribagorza”. Por cierto y siguiendo con la cultura material, una vez pasado Arén, hay dos restaurantes al pie de la carretera que, en un día de labor y a la hora del almuerzo, se encontraban llenos de camiones aparcados. Una posibilidad.
http://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasDetalle.aspx?Id=544677

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